Aquí va mi reflexión sobre metodologías activas que funcionan a la hora de prevenir futuros casos de acoso escolar en nuestras aulas. Dos de ellas ya están vigentes en nuestro centro desde hace tiempo, mientras que la primera (entrevista con los padres) sigue siendo año tras año nuestra tarea pendiente. Cabe hacer hincapié en que como dicha medida no depende exclusivamente de nosotros, su control funcionamiento escapa a nuestro control. No obstante, no tiraremos la toalla.
1.- En primer lugar, creo que la entrevista con los padres de las víctimas potenciales y de los acosadores es esencial, pero creo que se debería ampliar a todos los padres de alumnos, tanto si tenemos casos de acoso escolar en el aula como si no.
A menudo en la vida tan estresante que llevamos, los adultos no suelen tener mucho tiempo para comunicarse con sus hijos, compartir cosas básicas como qué han hecho a lo largo del día. A menudo los padres, si preguntan, sólo suelen preocuparse por los deberes, si están hechos y si se ha estudiado. Debemos animar a los padres a mejorar la comunicación de sentimientos y emociones con sus hijos, y que las preguntas básicas vayan más allá, como por ejemplo "cuéntame algo divertido o entretenido que te haya pasado hoy en la escuela", o "dime con quién has disfrutado un rato (des)agradable", "ha habido alguien que te haya hecho sentir bien o mal, por qué motivo"... Si establecemos este diálogo como algo habitual, los hijos serán capaces de confiar en sus padres y sabrán que están ahí para contarles algo que va más allá de lo meramente académico, sentirán un apoyo en momentos difíciles y la necesidad y facilidad de contarlo cuando lo necesitan. A una persona no se le puede exigir que sepa comunicarse en emociones y sentimientos si no le enseñamos primero.
2.- La organización de las guardias durante los recreos también me parece un método muy eficaz. He de reconocer que yo misma soy consciente de la hipervigilancia que yo presto cuando me informan acerca de determinados alumnos que suelen ser más agresivos, o bien de otros que se sienten acosados a la hora del recreo por algunos a los que les gusta "pinchar" a los demás. Al igual que yo controlo más estos casos, soy consciente de que el resto de maestros del centro lo hará si se les informa previamente de ellos. La comunicación por parte de los tutores de estos alumnos es, pues, esencial.
3.- La distribución del grupo aula de un curso a otro también se está realizando desde hace algunos años en nuestro centro, aunque fundamentalmente por temas de equilibrio en el grupo-aula: misma cantidad de alumnos con NEE por aula, mismo porcentaje de repetidores, de chicos-chicas, alumnos disruptivos... Aunque hasta la fecha no se ha considerado la mezcla del alumnado por un tema de acoso muy inminente, en ocasiones sí que se ha realizado por cierto rechazo social (no excesivamente elevado) por parte de compañeros/as ante algún alumno/a, mostrándose el cambio positivo para éste/a. Por lo tanto, sí que demuestra ser también ésta una medida eficaz.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
viernes, 18 de noviembre de 2016
Módulo 2, caso 1.
Caso 1: víctima de tipo pasivo: tímido, no se sabe defender...
Por qué he elegido el caso 1
He elegido este caso porque soy maestra de Primaria y por
norma general suelo impartir clase en los cursos más altos. Este caso, aunque
difiere en un par de años la edad habitual de mis estudiantes, refleja los
rasgos personales de algunos/as alumnos/as que ya he tenido con anterioridad, y
que estoy segura se repetirán en otros alumnos del futuro.
Análisis del informe
A través del informe podemos observar varios casos
potenciales de bullying en este grupo-aula, de los cuales el más destacable es el
del alumno 26. Aunque existen otros tres casos de alumnos en riesgo de padecer
acoso escolar, me centraré en analizar y proceder con este alumno en concreto
por ser aquel que está en una situación de mayor necesidad.
a) Situación
general del grupo: el informe está basado en las respuestas contestadas por
64 alumnos en concreto, de los cuales el 58% son chicas. En general, la relación
entre ellos parece ser agradable, ya que la mayoría afirma sentirse muy bien en
clase y tener amigos en ella. El ambiente es favorable para impartir las
lecciones sin mayor problema y los conflictos no parecen ser de mayor
importancia.
b) Situación específica de algunos alumnos:
hay cinco alumnos, de los cuales 4 son chicas, que son altamente apreciados por
sus compañeros; los califican positivamente como amables, generosos y
respetuosos con los demás. En contrapartida, hay cuatro alumnos, tres de ellos
chicas, que son o pueden llegar a ser víctimas de bullying.
c) Situación
concreta del alumno 26: 21 compañeros de este alumno expresan que dicho estudiante
es o puede estar siendo víctima de acoso escolar. Se basan en esta creencia por
el comportamiento retraído del alumno, del que comentan que otros compañeros le
aíslan, le rechazan o hablan mal de él. Le catalogan de tímido, y cuando otros
entran en conflicto con él, parece no saber defenderse. Tampoco tiene
demasiados amigos en clase que le sirvan de apoyo, aunque 6 compañeros dicen
juntarse con él.
La versión del alumno coincide con los
resultados obtenidos a través de la opinión de sus compañeros. Éste afirma
padecer esta situación desde hace tiempo y no llevarla muy bien, hasta el punto
de haber hablado del tema en casa con sus padres. Sin embargo, él manifiesta
que sabe defenderse en dichas situaciones y que se siente bien en clase con su
compañero de pupitre.
Los resultados del informe, por otra parte, ofrecen unas
pautas de actuación con dicho alumno, como son una entrevista personal con él,
la implantación de dos alumnos ayudantes y mantenerlo en clase con su compañero
de mesa, pero a la vez lo suficientemente lejos de los acosadores potenciales.
Propuesta de intervención
A continuación, esbozaré una propuesta de intervención con
varios pasos, de los cuales sólo los que afectan al tutor, profesores que
entran en esa aula y los alumnos de ésta deberían ser suficientes para corregir
una situación como la que se nos presenta. Pero si no lo fueran, deberíamos
pues seguir los otros pasos propuestos más adelante. En una primera toma de
contacto, siempre ha de ser el tutor quien intente intervenir y solventar la
situación (en colaboración con otros maestros/profesores que también impartan
clase a ese grupo), y si la magnitud de la situación lo requiere, se pondrá en
conocimiento de Jefatura de Estudios, Dirección y en última instancia, a
Inspección.
a) En un primer momento, se debe tener una entrevista personal y confidencial con el
alumno, siempre lo más discreta posible. Debemos manifestar empatía y
expresarle nuestro interés por ayudarle a solucionar su situación. Debemos
preguntarle cómo se siente, qué persona/s son las que le molestan, cómo actúa
él en esas situaciones y si ha habido alguna situación particularmente seria en
la que se haya encontrado indefenso, etc. Por contrapartida, también debemos
saber con qué compañeros se encuentra bien en clase, a quiénes considera sus
amigos, etc. A partir de dicha entrevista, se deberá realizar un seguimiento exhaustivo semanal de la
situación.
b) Así como se realiza una entrevista personal con el acosado, también sería conveniente
hablar con el/los acosador/es, a fin
de conocer los motivos por los cuales molestan a determinados compañeros (sería
conveniente que en un primer momento no se revelara la identidad del alumno
acosado, siempre y cuando sea posible). Ha de ahondarse en sus emociones,
intentar saber el porqué de dicho acoso a otros compañeros de clase, y saber
cuál es el fin que persiguen con tales comportamientos. Si son conscientes de
su error, instarles a que cambien su comportamiento hacia los demás, al darse
cuenta del daño que le causan a otros. No obstante, se debe realizar un seguimiento de estos alumnos y
sancionarlos si el problema persiste (faltas leves estipuladas según el centro,
que devendrán en faltas graves si la situación aumentase, todas ellas siempre
comunicadas a los padres de dichos alumnos junto con el motivo por el cual se
les sanciona).
c) Al alumno 26 deben asignársele dos alumnos ayudantes, de los cuales
uno sea un alumno prosocial. Dichos alumnos deben procurar que su compañero
esté siempre acompañado en el patio, en los pasillos y en cualquier otra
entrada y salida del edificio, a fin de que los compañeros que le molestan no
puedan hacerlo y el alumno 26 se sienta más protegido. También se les anima a
que éstos le acojan en sus actividades habituales a la hora del recreo, como
por ejemplo jugar al fútbol en el mismo equipo.
d) En el
aula, se le mantendrá con el compañero
de mesa que ya está, pero se intentará alejar a ambos de los compañeros que
molestan al alumno 26, cambiándoles de sitio por los dos alumnos ayudantes.
e) Finalmente, se realizarán actividades en el aula para el desarrollo emocional y las habilidades
sociales, como por ejemplo son el visionado de pequeños cortos o películas
relacionados con el acoso escolar y su posterior análisis, actividades en las
que se haga una valoración positiva de los demás, ejercicios en los que se
ahonde en el conocimiento de las emociones propias y ajenas, se aprenda a pedir
ayuda, se busque la solución a un problema…
Como ya hemos comentado anteriormente, si todo esto no fuera suficiente para resolver el caso potencial de
acoso escolar, ya deberíamos tomar medidas más contundentes, como son la
comunicación formal de la situación a Jefatura de Estudios, Dirección y Equipo
de Orientación a fin de iniciar el protocolo de actuación correspondiente,
llevar a cabo con los acosadores programas específicos de modificación de conducta
y técnicas de autocontrol o incluso realizar talleres de formación a todo el
alumnado del centro a modo de prevención.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Caso práctico 1:
Educación Primaria
Adrián es un niño
tímido y con faltas de habilidades para relacionarse con sus compañeros, al
inicio del curso los padres le escolarizan en sexto de Educación Primaria en un
nuevo colegio a causa de un cambio de ubicación del negocio familiar. Esta
situación incide en el carácter del niño que pierde la relación con su pequeño
grupo de amigos del anterior colegio.
En enero, los padres
de Adrián se reúnen con la tutora de su hijo y le comunican que el niño se
encuentra triste desde que volvió de vacaciones de Navidad, que por las mañanas
tarde en vestirse y hace lo posible por retrasar su salida al colegio.
Asimismo, comentan que esta situación comenzó durante las vacaciones de
Navidad. Un día que Adrián estaba jugando con un helicóptero dirigido con
Félix, un compañero del colegio que vive en la misma plaza, le pidió el mando,
Adrián se lo dejó y Félix comenzó a manejar bruscamente el juguete hasta que
terminó rompiéndose la hélice en la rama de un árbol. Adrián protestó y se
quejó, pero Félix le dijo que había sido un accidente aéreo y que al ser Adrián
el piloto, él era la víctima y ya no podía ir al colegio porque había muerto al
estrellarse.
En la entrevista, la
tutora manifiesta a los padres que no encuentra en clase ningún comportamiento
fuera de lo normal y que Adrián, al que considera tímido, está como siempre.
También les comenta que aunque no ve que Adrián y Félix jueguen juntos, que no
se preocupen, que no todos los niños participan en los mismos grupos de juegos
y que el estado de ánimo de Adrián seguramente será porque tiene que entregar
un trabajo y va con retraso.
La semana siguiente,
Adrián tiene que ser atendido en el colegio porque recibe un golpe en el ojo
con un balón cuando estaba mirando cómo sus compañeros de clase jugaban un
partido de fútbol. El golpe es considerable y Adrián cuenta entre sollozos que
Félix le ha lanzado el balón a la cara cuanto estaba cerca. El jefe de estudios
le comenta a Adrián que no se queje, que lo que tenía que hacer es jugar al
fútbol con sus compañeros y no quedarse mirando detrás de la portería, que si
se ponía en ese lugar lo lógico es que recibiera un balonazo cuando intentaban
meter gol.
Ese mismo día, a la
salida del colegio, Félix se cruza con Adrián y se lleva la mano al ojo
mientras se ríe. Luego Gonzalo, amigo de de Félix, da un golpe con la mano en
el cuello a Adrián mientras le dice “cuidado con tu pelota” y Ana, amiga de
Gonzalo, se burla de Adrián haciendo ver que llora.
Al llegar a casa,
Adrián cuenta el incidente a sus padres quienes al día siguiente van al colegio
y se entrevistan con el jefe de estudios. En la conversación, éste no da
ninguna importancia a lo sucedido y le dice que en los juegos suceden estas
cosas y que las burlas son cosas de niños, que a esa edad lo hacen sin milicia
y forjan el carácter. Los padres le recuerdan que Adrián no estaba jugando que,
de hecho, nunca juega porque no le seleccionan para los equipos que los
compañeros forman en los recreos, a lo que el jefe de estudios contesta que lo
que tiene que hacer Adrián es hacerse amigos en el colegio e integrarse.
Además, les comenta que ellos como padres tienen que fomentar que su hijo se
relacione con sus compañeros tanto dentro como fuera del centro.
Tras la entrevista con
los padres, el jefe de estudios le comenta a la tutora que haga algo para que
los padres de Adrián dejen de protestar, que ya han ido dos veces en poco
tiempo y que vigile lo que pasa con él.
Al día siguiente, la
tutora les dice a todos los alumnos que los padres de Adrián se han quejado de
que no juega al fútbol, así que siempre que haya fútbol Adrián formará parte de
un equipo, que le traten bien porque ella va a vigilar que sea así y les
recuerda que en los equipos tienen que haber chicos y chicas.
El lunes siguiente
durante el recreo, Adrián juega en uno de los equipos. Cuando comienza el
partido, Gonzalo le dice “ponte ahí que tu puesto es el de medio estorbo”. Al
poco tiempo, Adrián deja de jugar cuando Irene le pone una zancadilla sin que
llevara el balón. Al caerse sufre un golpe en la rodilla y se queja de dolor
que, al mismo tiempo, sangra un poco. Algunos alumnos que estaban jugando se
ríen y Félix le dice “habrá que sustituirte por inútil”. Otros alumnos cuando
Adrián se va le dicen en voz baja que lo sienten y que Félix, Gonzalo e Irene
son muy brutos.
Cuando Adrián cuenta a
sus padres lo que ha pasado piden urgentemente cita a la directora.
1. ¿Estos hechos pueden considerarse como
acoso?
2. ¿Qué documentos o planes del centro deben
contemplar y tener previstas este tipo de conductas
3. ¿Qué te parecen las reacciones del jefe de
estudios y de la tutora?
4. ¿Qué medidas educativas y/o disciplinarias
podrían activarse ante estos hechos?
5. ¿Qué opinas sobre los comportamientos de los
alumnos?
Se nos ha pedido en el curso online que estamos realizando a
través de la Comunidad de Madrid que publiquemos nuestro trabajo en un blog del
que dispongamos, a fin de que se puedan plasmar nuestras actividades de alguna
manera.
Pues bien, he aquí mi reflexión acerca del caso que nos
están proponiendo más arriba.
1. Sí considero que el supuesto práctico indicado
más arriba pueda considerarse acoso, ya que en repetidas ocasiones Adrián
recibe insultos, maltrato psicológico y maltrato físico por parte de
determinados compañeros de su entorno escolar. En todos los casos se observa
una intencionalidad clara de esos hechos, y considero que Félix cumple el rol
de acosador, ya que es él quien en más ocasiones le agrede, mientras que el
resto de los compañeros mencionados que participan de tal situación son más
bien observadores que le apoyan, al ser éste una figura negativa muy potente.
2. El Plan de Convivencia, el Plan de Acción
Tutorial y el Proyecto Educativo de Centro.
3. Las reacciones tanto del jefe de estudios como
de la tutora parecen ser las de negar la situación que tienen delante. Le
quitan hierro al asunto y además intentan que sea él quien solvente su propia
situación para no tener que molestarse en mediar en el tema. Considero que son
personas poco empáticas, incapaces de ponerse en la situación de una persona
que parece carecer de ciertas habilidades para socializarse con facilidad.
Creo que la tutora, como persona más
cercana a ese alumno, debería mostrar un poco más de comprensión y apoyo, e
intentar, siempre desde la línea positiva, alentar al alumno para que se
integre en el aula, bien con actividades en grupo o con dinámicas de refuerzo
de la autoestima, de cara tanto para la víctima como para el acosador y los
espectadores.
Por su parte, el jefe de estudios debería
ser más imparcial y buscar la versión de cada conflicto tanto por parte de la
víctima como por parte del acosador. Si
éste tratase la situación desde sus inicios y marcara límites claros desde el
principio, tal vez así podría frenarla antes de que la violencia fuera en mayor
aumento.
4. Como ya he mencionado antes, la tutora por su
parte podría haber intentado solventar el conflicto mediando en él, sin buscar
culpables y más bien soluciones que mejoren el clima del aula a nivel general.
Por su lado, el jefe de estudios debería
haber aplicado una sanción leve desde el inicio del conflicto al primero de los
alumnos que agredió a Adrián dentro del centro escolar (ya que no tiene
potestad para sancionarlo debido a lo acontecido con el helicóptero por ser una
situación que ocurrió fuera del centro y en horario no lectivo). Creo que en la
mayoría de los casos, si se impone una pequeña sanción al comienzo de una
conducta tan no deseada como ésta, el alumno sancionado por norma general suele
desistir de su mala conducta al ver que se están tomando medidas. No obstante, y
a propósito de ésta, también considero que debería considerarse investigar el
entorno familiar y social del acosador, a fin de determinar por qué éste
presenta conductas tan negativas frente a otro compañero. Si finalmente se
desvelase una situación tensa en casa (violencia de género o doméstica,
alcoholismo por parte de un miembro de la familia, etc.), debería ponerse en
conocimiento del PTSC asignado al centro.
5. Considero que la mayor parte de los alumnos que
agreden a Adrián tienen un comportamiento negativo hacia él bien porque, al
igual que al acosador, perciben ciertas emociones positivas al “machacar” a un
compañero que consideran “inferior” a ellos o bien porque tienen miedo del
acosador del aula y hacen lo mismo que éste para que el acosador no les agreda
al igual que a Adrián. Sea cual sea el motivo, todos son partícipes del acoso
al niño en gran medida, con lo que deberían también ser amonestados porque
desde un primer momento sabían lo que estaba sucediendo con Adrián y, en vez de
ponerlo en conocimiento de la tutora o el jefe de estudios, prefirieron “seguir
el camino fácil” y reforzar la conducta negativa del acosador.
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