miércoles, 23 de noviembre de 2016

Módulo 3 - Metodologías activas

Aquí va mi reflexión sobre metodologías activas que funcionan a la hora de prevenir futuros casos de acoso escolar en nuestras aulas. Dos de ellas ya están vigentes en nuestro centro desde hace tiempo, mientras que la primera (entrevista con los padres) sigue siendo año tras año nuestra tarea pendiente. Cabe hacer hincapié en que como dicha medida no depende exclusivamente de nosotros, su control funcionamiento escapa a nuestro control. No obstante, no tiraremos la toalla.

1.- En primer lugar, creo que la entrevista con los padres de las víctimas potenciales y de los acosadores es esencial, pero creo que se debería ampliar a todos los padres de alumnos, tanto si tenemos casos de acoso escolar en el aula como si no.
A menudo en la vida tan estresante que llevamos, los adultos no suelen tener mucho tiempo para comunicarse con sus hijos, compartir cosas básicas como qué han hecho a lo largo del día. A menudo los padres, si preguntan, sólo suelen preocuparse por los deberes, si están hechos y si se ha estudiado. Debemos animar a los padres a mejorar la comunicación de sentimientos y emociones con sus hijos, y que las preguntas básicas vayan más allá, como por ejemplo "cuéntame algo divertido o entretenido que te haya pasado hoy en la escuela", o "dime con quién has disfrutado un rato (des)agradable", "ha habido alguien que te haya hecho sentir bien o mal, por qué motivo"... Si establecemos este diálogo como algo habitual, los hijos serán capaces de confiar en sus padres y sabrán que están ahí para contarles algo que va más allá de lo meramente académico, sentirán un apoyo en momentos difíciles y la necesidad y facilidad de contarlo cuando lo necesitan. A una persona no se le puede exigir que sepa comunicarse en emociones y sentimientos si no le enseñamos primero.

2.- La organización de las guardias durante los recreos también me parece un método muy eficaz. He de reconocer que yo misma soy consciente de la hipervigilancia que yo presto cuando me informan acerca de determinados alumnos que suelen ser más agresivos, o bien de otros que se sienten acosados a la hora del recreo por algunos a los que les gusta "pinchar" a los demás. Al igual que yo controlo más estos casos, soy consciente de que el resto de maestros del centro lo hará si se les informa previamente de ellos. La comunicación por parte de los tutores de estos alumnos es, pues, esencial.

3.- La distribución del grupo aula de un curso a otro también se está realizando desde hace algunos años en nuestro centro, aunque fundamentalmente por temas de equilibrio en el grupo-aula: misma cantidad de alumnos con NEE por aula, mismo porcentaje de repetidores, de chicos-chicas, alumnos disruptivos... Aunque hasta la fecha no se ha considerado la mezcla del alumnado por un tema de acoso muy inminente, en ocasiones sí que se ha realizado por cierto rechazo social (no excesivamente elevado) por parte de compañeros/as ante algún alumno/a, mostrándose el cambio positivo para éste/a. Por lo tanto, sí que demuestra ser también ésta una medida eficaz.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Módulo 2, caso 1.

Caso 1: víctima de tipo pasivo: tímido, no se sabe defender...

Por qué he elegido el caso 1
He elegido este caso porque soy maestra de Primaria y por norma general suelo impartir clase en los cursos más altos. Este caso, aunque difiere en un par de años la edad habitual de mis estudiantes, refleja los rasgos personales de algunos/as alumnos/as que ya he tenido con anterioridad, y que estoy segura se repetirán en otros alumnos del futuro.

Análisis del informe
A través del informe podemos observar varios casos potenciales de bullying en este grupo-aula, de los cuales el más destacable es el del alumno 26. Aunque existen otros tres casos de alumnos en riesgo de padecer acoso escolar, me centraré en analizar y proceder con este alumno en concreto por ser aquel que está en una situación de mayor necesidad.
a)  Situación general del grupo: el informe está basado en las respuestas contestadas por 64 alumnos en concreto, de los cuales el 58% son chicas. En general, la relación entre ellos parece ser agradable, ya que la mayoría afirma sentirse muy bien en clase y tener amigos en ella. El ambiente es favorable para impartir las lecciones sin mayor problema y los conflictos no parecen ser de mayor importancia.
b) Situación específica de algunos alumnos: hay cinco alumnos, de los cuales 4 son chicas, que son altamente apreciados por sus compañeros; los califican positivamente como amables, generosos y respetuosos con los demás. En contrapartida, hay cuatro alumnos, tres de ellos chicas, que son o pueden llegar a ser víctimas de bullying.
c) Situación concreta del alumno 26: 21 compañeros de este alumno expresan que dicho estudiante es o puede estar siendo víctima de acoso escolar. Se basan en esta creencia por el comportamiento retraído del alumno, del que comentan que otros compañeros le aíslan, le rechazan o hablan mal de él. Le catalogan de tímido, y cuando otros entran en conflicto con él, parece no saber defenderse. Tampoco tiene demasiados amigos en clase que le sirvan de apoyo, aunque 6 compañeros dicen juntarse con él. 
La versión del alumno coincide con los resultados obtenidos a través de la opinión de sus compañeros. Éste afirma padecer esta situación desde hace tiempo y no llevarla muy bien, hasta el punto de haber hablado del tema en casa con sus padres. Sin embargo, él manifiesta que sabe defenderse en dichas situaciones y que se siente bien en clase con su compañero de pupitre.
Los resultados del informe, por otra parte, ofrecen unas pautas de actuación con dicho alumno, como son una entrevista personal con él, la implantación de dos alumnos ayudantes y mantenerlo en clase con su compañero de mesa, pero a la vez lo suficientemente lejos de los acosadores potenciales.

Propuesta de intervención
A continuación, esbozaré una propuesta de intervención con varios pasos, de los cuales sólo los que afectan al tutor, profesores que entran en esa aula y los alumnos de ésta deberían ser suficientes para corregir una situación como la que se nos presenta. Pero si no lo fueran, deberíamos pues seguir los otros pasos propuestos más adelante. En una primera toma de contacto, siempre ha de ser el tutor quien intente intervenir y solventar la situación (en colaboración con otros maestros/profesores que también impartan clase a ese grupo), y si la magnitud de la situación lo requiere, se pondrá en conocimiento de Jefatura de Estudios, Dirección y en última instancia, a Inspección.
a) En un primer momento, se debe tener una entrevista personal y confidencial con el alumno, siempre lo más discreta posible. Debemos manifestar empatía y expresarle nuestro interés por ayudarle a solucionar su situación. Debemos preguntarle cómo se siente, qué persona/s son las que le molestan, cómo actúa él en esas situaciones y si ha habido alguna situación particularmente seria en la que se haya encontrado indefenso, etc. Por contrapartida, también debemos saber con qué compañeros se encuentra bien en clase, a quiénes considera sus amigos, etc. A partir de dicha entrevista, se deberá realizar un seguimiento exhaustivo semanal de la situación.
b) Así como se realiza una entrevista personal con el acosado, también sería conveniente hablar con el/los acosador/es, a fin de conocer los motivos por los cuales molestan a determinados compañeros (sería conveniente que en un primer momento no se revelara la identidad del alumno acosado, siempre y cuando sea posible). Ha de ahondarse en sus emociones, intentar saber el porqué de dicho acoso a otros compañeros de clase, y saber cuál es el fin que persiguen con tales comportamientos. Si son conscientes de su error, instarles a que cambien su comportamiento hacia los demás, al darse cuenta del daño que le causan a otros. No obstante, se debe realizar un seguimiento de estos alumnos y sancionarlos si el problema persiste (faltas leves estipuladas según el centro, que devendrán en faltas graves si la situación aumentase, todas ellas siempre comunicadas a los padres de dichos alumnos junto con el motivo por el cual se les sanciona).
c)  Al alumno 26 deben asignársele dos alumnos ayudantes, de los cuales uno sea un alumno prosocial. Dichos alumnos deben procurar que su compañero esté siempre acompañado en el patio, en los pasillos y en cualquier otra entrada y salida del edificio, a fin de que los compañeros que le molestan no puedan hacerlo y el alumno 26 se sienta más protegido. También se les anima a que éstos le acojan en sus actividades habituales a la hora del recreo, como por ejemplo jugar al fútbol en el mismo equipo.
d) En el aula, se le mantendrá con el compañero de mesa que ya está, pero se intentará alejar a ambos de los compañeros que molestan al alumno 26, cambiándoles de sitio por los dos alumnos ayudantes.
e) Finalmente, se realizarán actividades en el aula para el desarrollo emocional y las habilidades sociales, como por ejemplo son el visionado de pequeños cortos o películas relacionados con el acoso escolar y su posterior análisis, actividades en las que se haga una valoración positiva de los demás, ejercicios en los que se ahonde en el conocimiento de las emociones propias y ajenas, se aprenda a pedir ayuda, se busque la solución a un problema…

Como ya hemos comentado anteriormente, si todo esto no fuera suficiente para resolver el caso potencial de acoso escolar, ya deberíamos tomar medidas más contundentes, como son la comunicación formal de la situación a Jefatura de Estudios, Dirección y Equipo de Orientación a fin de iniciar el protocolo de actuación correspondiente, llevar a cabo con los acosadores programas específicos de modificación de conducta y técnicas de autocontrol o incluso realizar talleres de formación a todo el alumnado del centro a modo de prevención.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Caso práctico 1: Educación Primaria

Adrián es un niño tímido y con faltas de habilidades para relacionarse con sus compañeros, al inicio del curso los padres le escolarizan en sexto de Educación Primaria en un nuevo colegio a causa de un cambio de ubicación del negocio familiar. Esta situación incide en el carácter del niño que pierde la relación con su pequeño grupo de amigos del anterior colegio.
En enero, los padres de Adrián se reúnen con la tutora de su hijo y le comunican que el niño se encuentra triste desde que volvió de vacaciones de Navidad, que por las mañanas tarde en vestirse y hace lo posible por retrasar su salida al colegio. Asimismo, comentan que esta situación comenzó durante las vacaciones de Navidad. Un día que Adrián estaba jugando con un helicóptero dirigido con Félix, un compañero del colegio que vive en la misma plaza, le pidió el mando, Adrián se lo dejó y Félix comenzó a manejar bruscamente el juguete hasta que terminó rompiéndose la hélice en la rama de un árbol. Adrián protestó y se quejó, pero Félix le dijo que había sido un accidente aéreo y que al ser Adrián el piloto, él era la víctima y ya no podía ir al colegio porque había muerto al estrellarse.
En la entrevista, la tutora manifiesta a los padres que no encuentra en clase ningún comportamiento fuera de lo normal y que Adrián, al que considera tímido, está como siempre. También les comenta que aunque no ve que Adrián y Félix jueguen juntos, que no se preocupen, que no todos los niños participan en los mismos grupos de juegos y que el estado de ánimo de Adrián seguramente será porque tiene que entregar un trabajo y va con retraso.
La semana siguiente, Adrián tiene que ser atendido en el colegio porque recibe un golpe en el ojo con un balón cuando estaba mirando cómo sus compañeros de clase jugaban un partido de fútbol. El golpe es considerable y Adrián cuenta entre sollozos que Félix le ha lanzado el balón a la cara cuanto estaba cerca. El jefe de estudios le comenta a Adrián que no se queje, que lo que tenía que hacer es jugar al fútbol con sus compañeros y no quedarse mirando detrás de la portería, que si se ponía en ese lugar lo lógico es que recibiera un balonazo cuando intentaban meter gol.
Ese mismo día, a la salida del colegio, Félix se cruza con Adrián y se lleva la mano al ojo mientras se ríe. Luego Gonzalo, amigo de de Félix, da un golpe con la mano en el cuello a Adrián mientras le dice “cuidado con tu pelota” y Ana, amiga de Gonzalo, se burla de Adrián haciendo ver que llora.
Al llegar a casa, Adrián cuenta el incidente a sus padres quienes al día siguiente van al colegio y se entrevistan con el jefe de estudios. En la conversación, éste no da ninguna importancia a lo sucedido y le dice que en los juegos suceden estas cosas y que las burlas son cosas de niños, que a esa edad lo hacen sin milicia y forjan el carácter. Los padres le recuerdan que Adrián no estaba jugando que, de hecho, nunca juega porque no le seleccionan para los equipos que los compañeros forman en los recreos, a lo que el jefe de estudios contesta que lo que tiene que hacer Adrián es hacerse amigos en el colegio e integrarse. Además, les comenta que ellos como padres tienen que fomentar que su hijo se relacione con sus compañeros tanto dentro como fuera del centro.
Tras la entrevista con los padres, el jefe de estudios le comenta a la tutora que haga algo para que los padres de Adrián dejen de protestar, que ya han ido dos veces en poco tiempo y que vigile lo que pasa con él.
Al día siguiente, la tutora les dice a todos los alumnos que los padres de Adrián se han quejado de que no juega al fútbol, así que siempre que haya fútbol Adrián formará parte de un equipo, que le traten bien porque ella va a vigilar que sea así y les recuerda que en los equipos tienen que haber chicos y chicas.
El lunes siguiente durante el recreo, Adrián juega en uno de los equipos. Cuando comienza el partido, Gonzalo le dice “ponte ahí que tu puesto es el de medio estorbo”. Al poco tiempo, Adrián deja de jugar cuando Irene le pone una zancadilla sin que llevara el balón. Al caerse sufre un golpe en la rodilla y se queja de dolor que, al mismo tiempo, sangra un poco. Algunos alumnos que estaban jugando se ríen y Félix le dice “habrá que sustituirte por inútil”. Otros alumnos cuando Adrián se va le dicen en voz baja que lo sienten y que Félix, Gonzalo e Irene son muy brutos.
Cuando Adrián cuenta a sus padres lo que ha pasado piden urgentemente cita a la directora.

1. ¿Estos hechos pueden considerarse como acoso?
2. ¿Qué documentos o planes del centro deben contemplar y tener previstas este tipo de conductas
3. ¿Qué te parecen las reacciones del jefe de estudios y de la tutora?
4. ¿Qué medidas educativas y/o disciplinarias podrían activarse ante estos hechos?
5. ¿Qué opinas sobre los comportamientos de los alumnos?

Se nos ha pedido en el curso online que estamos realizando a través de la Comunidad de Madrid que publiquemos nuestro trabajo en un blog del que dispongamos, a fin de que se puedan plasmar nuestras actividades de alguna manera.
Pues bien, he aquí mi reflexión acerca del caso que nos están proponiendo más arriba.

1. Sí considero que el supuesto práctico indicado más arriba pueda considerarse acoso, ya que en repetidas ocasiones Adrián recibe insultos, maltrato psicológico y maltrato físico por parte de determinados compañeros de su entorno escolar. En todos los casos se observa una intencionalidad clara de esos hechos, y considero que Félix cumple el rol de acosador, ya que es él quien en más ocasiones le agrede, mientras que el resto de los compañeros mencionados que participan de tal situación son más bien observadores que le apoyan, al ser éste una figura negativa muy potente.

2.  El Plan de Convivencia, el Plan de Acción Tutorial y el Proyecto Educativo de Centro.

3. Las reacciones tanto del jefe de estudios como de la tutora parecen ser las de negar la situación que tienen delante. Le quitan hierro al asunto y además intentan que sea él quien solvente su propia situación para no tener que molestarse en mediar en el tema. Considero que son personas poco empáticas, incapaces de ponerse en la situación de una persona que parece carecer de ciertas habilidades para socializarse con facilidad.
Creo que la tutora, como persona más cercana a ese alumno, debería mostrar un poco más de comprensión y apoyo, e intentar, siempre desde la línea positiva, alentar al alumno para que se integre en el aula, bien con actividades en grupo o con dinámicas de refuerzo de la autoestima, de cara tanto para la víctima como para el acosador y los espectadores.
Por su parte, el jefe de estudios debería ser más imparcial y buscar la versión de cada conflicto tanto por parte de la víctima como por parte del acosador.  Si éste tratase la situación desde sus inicios y marcara límites claros desde el principio, tal vez así podría frenarla antes de que la violencia fuera en mayor aumento.

4. Como ya he mencionado antes, la tutora por su parte podría haber intentado solventar el conflicto mediando en él, sin buscar culpables y más bien soluciones que mejoren el clima del aula a nivel general.
Por su lado, el jefe de estudios debería haber aplicado una sanción leve desde el inicio del conflicto al primero de los alumnos que agredió a Adrián dentro del centro escolar (ya que no tiene potestad para sancionarlo debido a lo acontecido con el helicóptero por ser una situación que ocurrió fuera del centro y en horario no lectivo). Creo que en la mayoría de los casos, si se impone una pequeña sanción al comienzo de una conducta tan no deseada como ésta, el alumno sancionado por norma general suele desistir de su mala conducta al ver que se están tomando medidas. No obstante, y a propósito de ésta, también considero que debería considerarse investigar el entorno familiar y social del acosador, a fin de determinar por qué éste presenta conductas tan negativas frente a otro compañero. Si finalmente se desvelase una situación tensa en casa (violencia de género o doméstica, alcoholismo por parte de un miembro de la familia, etc.), debería ponerse en conocimiento del PTSC asignado al centro.

5. Considero que la mayor parte de los alumnos que agreden a Adrián tienen un comportamiento negativo hacia él bien porque, al igual que al acosador, perciben ciertas emociones positivas al “machacar” a un compañero que consideran “inferior” a ellos o bien porque tienen miedo del acosador del aula y hacen lo mismo que éste para que el acosador no les agreda al igual que a Adrián. Sea cual sea el motivo, todos son partícipes del acoso al niño en gran medida, con lo que deberían también ser amonestados porque desde un primer momento sabían lo que estaba sucediendo con Adrián y, en vez de ponerlo en conocimiento de la tutora o el jefe de estudios, prefirieron “seguir el camino fácil” y reforzar la conducta negativa del acosador.